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lunes, 2 de julio de 2012

SOMOS ONCE



Y cuatro. Y diecisiete.

Somos un canario y un catalán y un madrileño y un burgalés.

Ellos marcaron ayer, sí, para asombrar al mundo; para escribir lo que nadie antes había escrito. Y con ellos, marcamos todos. Pero también somos cada uno de los demás que lo hicieron posible. Los que dieron los pases y dibujaron nuestra memoria para siempre; los que hicieron las paradas que cuando niños ya soñamos; los que defendieron impecables, limpios, como sólo los que aman lo que tienen saben hacer, y los que corrieron sin balón diciendo “aquí me tenéis”, “yo también juego con ellos”, “yo también soy ellos”.

Somos los que no se rindieron nunca, los que sufrieron las críticas -¿quién puede no hacerlo realmente?- y aceptaron que sólo desde la inmensa humildad de lo grande iban a poder acallarlas. Somos los que se abrazaron conscientes de que todos eran nosotros, de que todos éramos ellos. Somos senyeras y cruces de la Victoria sobre fondo azul. somos ikurriñas y banderas inventadas pero ciertas. Porque, sí, somos todo lo que queramos ser. Y somos un inmenso rojo y gualda y un hermoso escudo con dos columnas marcando que siempre se puede llegar más lejos, si nos lo proponemos.

Somos Goya y Velázquez, Manolete y el botafumeiro, el Teide y Formentor, Pizarro y Bailén, Picasso y Dalí, El Escorial y los últimos de Filipinas. Somos tres velas al viento rompiendo el Atlántico hacia el ocaso, donde nadie se atrevía a ir. Somos guerra y posguerra a dos velas y mucho estómago -vacío- con que aguantarlas. Somos paro y emigración, dolor del exilio, soledad y añoranza, pero siempre mirando al frente, como los que nos trajeron.

Y somos arrojo y pelea, limpia como la mañana o turbia entre el fango cuando toca, en las trincheras de Holanda o ante los holandeses en Sudáfrica. Somos, simplemente, padres y madres y hermanos. Y, sobre todo, somos hijos; de todos los que lucharon por hacernos hoy lo mejor de lo que fuimos.

Por eso, por recordarnos sencillos todo lo que somos, gracias a los once, a los cuatro, a las diecisiete, a los millones que hoy brillamos en el cielo en pleno día. Gracias por ser lo que somos.


Madrid, 2 de julio de 2012